Maestros de la luz – Claude Joseph Vernet (Avignon. Francia. 1714 – 1789)

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Claude-Joseph Vernet, Noche: escena de la costa mediterránea con pescadores y barcas (1753), óleo sobre lienzo. 96,5 x 134,6 cm

Maestro de la luz – Claude Joseph Vernet (Avignon. Francia. 1714 – 1789)

La escena nocturna de la imagen, evoca un paisaje imaginado de la costa italiana, iluminado por el resplandor de la luna y sus plateados reflejos. Fue pintada por uno de los maestros de la luz, Claude-Joseph Vernet, el pintor de marinas más célebre de la segunda mitad del siglo XVIII, cuando regresó a Francia tras una estancia de casi veinte años en Roma. Aclamado por los enciclopedistas de la Ilustración, como Denis Diderot, sus paisajes contribuyeron a estimular una sensibilidad prerromántica entre sus contemporáneos, mostrándoles los diferentes efectos lumínicos y atmosféricos en la naturaleza.

Claude Joseph Vernet Maestros de la luz en Arsenal Le Comte Arts

Claude Joseph Vernet (Avignon. Francia. 1714 – 1789) – Calma en un puerto mediterraneo.

Miembro de una familia de artistas, Claude-Joseph Vernet recibió sus primeras lecciones en Aviñón, primero de su padre, Antoine Vernet, y luego de Philippe Sauvan, pintor de historia.

Tras este aprendizaje inicial Vernet comenzó a trabajar en Aix-en-Provence con el pintor de paisajes y marinas Jacques Viali. Su primer trabajo como pintor independiente fueron unas pinturas decorativas que realizó, en 1731, para el hotel del marqués de Simiani, en Aix-en-Provence, de las cuales dos de ellas se conservan in situ.

En. 1734, gracias a la protección del marqués de Caumont, Vernet viajó a Roma para completar su formación artística. Allí, enseguida, se integró en la comunidad de artistas franceses residentes en la ciudad y entre los miembros de la Academia de Francia. Hacia 1738, Vernet era ya un conocido pintor de paisajes y de marinas, que recibía encargos de importantes clientes, de distintas nacionalidades, como el duque de Saint-Aignan, embajador de Francia en Roma o Isabel de Farnesio, esposa de Felipe V de España. Gran parte de su clientela estaba también formada por británicos que realizaban el Gran Tour. Desde 1746, año de su admisión en la Academie Royale, Vernet expuso regularmente en el Salon, donde sus obras fueron muy bien acogidas por la crítica

Las marinas de Vernet, aunque herederas de la pintura de paisaje de historia de Claudio de Lorena, se basan en la observación de la naturaleza. Durante esa primera etapa romana, Vernet realiza muchas excursiones y viajes de trabajo para dibujar la campiña y la costa mediterránea desde Roma hasta Nápoles, registrando elementos que formarán la base de su repertorio para el resto de su carrera artística.

Poco. después de su regreso a Francia, en 1753, Vernet comenzó a trabajar por encargo del rey Luis XV en una serie de quince grandes vistas topográficas de puertos, conocida como Puertos de Francia, conservadas en París, el Musée du Louvre, y en el Musée National de la Marine. Este ambicioso proyecto, que le ocupó más de diez años, le obligó a viajar por todo el país, hasta que en 1765 lo abandonó, dejando la serie incompleta. Durante el resto de su carrera Vernet continuó trabajando en sus temas preferidos: paisajes italianizantes, puertos y tormentas marinas.

Las marinas solían ser de dos tipos: mares en calma o mares tempestuosos. Estos últimos se convertían en el escenario de dramáticos naufragios, una amenaza real y muy frecuente en esta época en que las vías marítimas eran los principales medios de comunicación y transporte. Los naufragios en las series —pues siempre se incluía uno— constituían un contrapunto emocionante a las otras marinas en calma e ilustraban dos incipientes conceptos estéticos: lo sublime (que incitaba la sensación de horror en el espectador) y lo bello (procurando una sensación agradable y sosegada)

“Vernet sabe revivir tormentas, abrir las cataratas del cielo e inundar la tierra; también sabe, cuando quiere, disipar la tempestad y devolver la tranquilidad al mar, la serenidad a los cielos. Entonces toda la naturaleza, como saliendo del caos, se ilumina de una forma encantadora y vuelve a tomar todos sus encantos […]. ¡Qué serenos son sus días!, ¡qué tranquilas son sus noches!, ¡qué transparentes sus aguas! Él crea el silencio, el frescor y la sombra en los bosques. Se atreve sin miedo a colocar el sol o la luna en su firmamento. Le ha robado su secreto a la naturaleza; todo lo que ella produce, él puede repetirlo.”

Denis Diderot, Salones, 1759

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